Anya y Olaf: un troll y muchos conejos (por demoniodehiel) PDF Print E-mail
Funnies - Artículos e investigaciones

por demoniodehiel

La historia de esta simpática pareja va ligada a uno de los más insondables misterios del buffyverso. No, no es el por qué Buffy no se tiró a Spike ya en la segunda temporada, nada más verlo, o quién le cambia los pantalones a Spike en la cuarta. Se trata de por qué Anya les tiene horror y aversión a los conejos.
Así que mientras asistimos al desarrollo de esta historia de amor, también veremos ¡al fin! Resuelto este gran por qué.

Aud y Olaf parecen una pareja normal de una aldea nórdica cualquiera allá por el año 880. Viven en Sjornjost, por el lenguaje en el que hablan en lo que más adelante será Noruega, ella se ocupa de la casa, mientras él hace el vago en invierno y en verano sale por ahí a lo que tenga menester para tener provista la despensa. No parece tener mucha pinta de granjero, no parece llevar mandil de herrero, así que imaginamos que se dedicará a la otra honrada profesión de los varones de la época y zona en edad de trabajar: el saqueo de poblaciones vecinas, granjas y primitivos monasterios. O sea salir de varego según la zona del bático en la que se encuentran.

Entre saqueo y saqueo, si el drakkar no les llevaba muy lejos, los hombres podían volver a casa, y parece que encontramos a Olaf en uno de esos momentos de asueto, en los que parece entretenerse demasiado en las tabernas de la aldea, y especialmente charlando con las mozas de caderas más anchas que las de su Aud. (Que Olaf se apresura a decirle que de todos modos las suyas son perfectas)







Olaf parece un tipo bonachón, agradable, es grandote y gordo cual Obelix, con simpáticos mofletes, ojos rasgados y risueños y melena pelirroja, y se le ve interesado especialmente en ese asunto de las caderas de las mozuelas. Apreciamos enseguida que muy, muy especialmente, sí: cuando repara de que en la casa empieza a haber muchos conejos, y Aud le dice que se reproducen mucho, ya se pone cachondo de tanto hablar de reproducción. O sea de decir una palabra jajajajajaja me troll, digo me LOL.
La pareja está claro que se quiere, hay complicidad entre ellos y Anya cuida de Olaf con solicitud y él la admira como mujer, y comparten la pasión por algo muy importante en la vida de Anya: el sexo.



OLAF: Fantiserar jag, eller är det riktigt att vi har otroligt många fler kaniner här inne idag?
OLAF: Is it my imagination, or do we have substantially more rabbits in this house today?

ANYA: Åh, de förökar sig så snabbt att det är
ANYA: Oh, they breed so quickly that it's?
OLAF:Allt detta snack om förökning får mej att vilja själv!
OLAF: All this talk of breeding... it makes me want to breed!


Pero aunque es evidente que hay cariño entre ellos, por los arrumacos que se hacen, también parece evidente que él es un chicarrón demasiado sencillo para la ya un tanto rarita Aud y futura Anya: vemos que ella no se lleva bien con el resto del pueblo, y está hablando de manera rara, dando muchas vueltas a cosas cotidianas como la amistad entre vecinos como si de compraventas se tratase.

Y entre tanto, tenemos los conejos, tiene muchos, cada vez más, y nadie sabe de dónde salen.
Aud debía de tener algún tipo de poder inicial para la magia, por sencillo o rudimentario que fuera. De otro modo, no habría podido llevar a cabo la venganza que todos conocemos, la primera que hizo y con la que termina esta historia de amor. Algún contacto con lo sobrenatural, o alguna tracción para el mundo de la magia poseía.
Y esto es el quid para explicar lo que sigue: porque fue esta leve aura sobrenatural de la misma Aud la que lo provocó todo a su alrededor.

En realidad el misterio de los conejitos era tan simple como la primitiva magia simpática de la aldea nórdica de Sjornjost, eran tiempos más naturales y sobre todo más sencillos: si querías tener lluvia, regabas los campos. Si querías cazar un ciervo, te ponías un cacho de asta de ídem al cuello, o usabas una lanza de asta de ciervo.
Entonces...¿qué quería decir si de repente le aparecían conejos y más conejos? ¿Y por qué siempre cuando no estaba Olaf en casa, como ha quedado demostrado porque ya hemos visto que él se sorprende de verlos cuando vuelve? ¿Y por qué conejos? ¿Qué le estaban diciendo a Aud las fuerzas de la naturaleza con tantos conejos?

Bien, Anya se dio cuenta finalmente que cada vez que le aparecía un conejo en la casa es que el amigo Olaf se había beneficiado otro: y no era el suyo. Las mujeres del báltico, tuvieran caderas anchas o estrechas, no daban abasto para calmar las ansias amatorias del jodido Olaf de las narices. ¡Era el varego, vikingo (o lo que sea) más salido de la comarca!

Tras el disgusto que todos nos podemos imaginar, Aud decidió que eso no lo podía consentir. Un discreto conejito....podría haberlo echado a la cazuela. Un par de gazapitas, pues lo mismo, una patada, y al monte. No habría sido tan grave, una mujer moderna, de su época, como ella, puede aguantar dos o tres concubinas irlandesas, o del Báltico de más allá lejos (producto de los saqueos, además ayudan en las tareas domésticas y con los críos que eso viene muy bien). Pero es que tenía la casa entera, el granero y el corral a reventar de conejos.
No podía ser. Lo de Olaf se pasaba de castaño oscuro a ojos de cualquiera.

Mientras los conejitos suaves y algodonosos se reían de ella agitando sus bigotitos y sus naricitas sonrosadas, cada vez en mayor número, algunos incluso sospechosamente amontonados de a tres, Anya se iba amargando cada vez más y tramando su venganza.




También se iba recluyendo más en sí misma, siempre había sido un poco rara y las vecinas la criticaban, porque parece ser que esa manía de ser absolutamente sincera como un niño de tres años y decir todo lo que se le ocurriera tal cual, o sea para qué engañarnos, maleducada de cojones, no la adquirió siendo demonio, sino que era suya de origen. Pero es que ahora en cada rostro de una mujer de la aldea o de los pueblos vecinos veía lindas naricitas juguetonas, orejas largas y bigotitos movedizos. A todas les veía cara de conejo, repugnante criatura a la que había llegado ya a odiar, símbolo absoluto de la infidelidad de su marido y de su desgracia.
Y pensó en otra criatura repugnante a la que todos los demás odiaran, a poder ser una que, de paso, usase a los conejitos como combustible para la hoguera, o mejor aún de relleno del colchón.
Un troll.

Y así fue como, movida por el deseo de venganza, en una noche especialmente dura cuando frente a sus ojos y en su propia cama aparecieron ante sus ojos insomnes nada menos que tres conejitas y un joven conejo macho que dijo que en realidad él solo pasaba por allí mientras intentaba esconder una boa de plumas, Anya preparó los ingredientes para su conjuro.
Cuando llegó Olaf lo recibió com siempre, amorosa y solícitamente le puso la cena (asado de conejo, sopa de albóndigas de conejo y de postre, conejito de cielo) y le sirvió abundante cerveza. Cuando el hombretón se durmió apaciblemente (sin intentar pellizcarle las nalgas, otra indiscutible prueba de su infidelidad) Anya realizó el conjuro.

A la mañana siguiente Olaf era un troll, y esta bonita historia de amor había terminado.
Aud se convirtió en Anyanka, la demonio que todos conocimos en la tercera temporada de Buffy, apadrinada por D´Hoffryn.









Olaf reapareció en la quinta temporada, en el episodio Triangle, escapando de una prisión dimensional o cosa parecida donde lo habían encerrado unas brujas. Aparece todavía furioso por su trolleridad, y echándole en cara a su amada lo que le había hecho, aunque seguía siendo simpático y claramente interesado en los conejitos (y otros lugares donde meter el martillo*) y tras armar un poco de alboroto en Sunnydale, trasegar algo de cerveza, destrozar el Bronze, pelear con Buffy y de paso traumar a Xander dejando claro que él se tiraba a Anya antes, es enviado a su encierro de nuevo por Willow.



* cock, en inglés, uno de los jocosos nombres populares de la polla. Valga decir que el martillo de Olaf es realmente enorme.








Esperamos que su cautiverio no le sea muy duro, realmente no se merecía un castigo tan cruel... pero es que los celos a veces pueden ser muy terribles y enceguecer mucho a una enamorada despechada, como hemos visto.

De todos modos a pesar del terible final yo sigo apoyando este pairing de todos modos y creo que Anya debería reflexionar y dejar al pazguato de Xander. Aunque también es un mostrenco, ni de lejos es tan atractivo como Olaf, y desde luego está claro que Olaf era más simpático, e infinitamente más grande y más bruto también. Y su martillo es realmente enorme, como ya hemos explicado en la notita con asterisco. Willow debería haber intentado volverlo humano de nuevo, o a lo mejor podrían haberse amado aunque él siguiera siendo troll, cambiandole un poco la dieta y que no comiera niños, sino hamburguesas, cosas más raras se ven en el buffyverso ¿no? Lo que importa es el amor, y esta pareja se querían de verdad.




Qué historia más triste y más real, Dios mío...creo que voy a llorar. O a tomarme otra cerveza, no sé.