6X15 As You Were








6X15 As You Where


Written By: Douglas Petrie
Directed By: Douglas Petrie
Original on air UPN 26/06/2002



Resumen


Buffy continúa su alienante trabajo en la hamburguesería, incluso los vampiros se niegan a morderla por su olor a carne frita. Nada de eso le importa a  Spike, que la espera a la entrada de casa para pasar un rato con ella.

La llegada imprevista de Riley felizmente casado a Sunnydale hace replantearse su desastrosa vida a Buffy. Patrulla por el cementerio y en una conmovedora escena corre a la cripta de Spike y le pide que le diga que la ama. El le dice que claro que la ama, que la desea siempre. Buffy se apresura a besarlo y conducirlo a la cama. Cuando despierta, Riley está en la cripta. La reacción de Buffy es de avergonzarse. Entre las baladronadas de un Spike que disfruta de ver la cara que se le queda a Riley, sale el hilo de la historia: el traficante de huevos de demonio que Riley iba buscando resulta ser Spike.

Los huevos de demonio están en el sótano, y se están abriendo. La escena completa es muy desagradable e injusta, por el mal trato de Buffy a Spike, que llega incluso a golpearlo dos veces delante de Riley. Riley soluciona el asunto de los huevos de demonio con una granadas que destroza la cripta de Spike. Luego se marcha de Sunnydale con su chupi mujer (y superior en el ejército) tan perfecta como él.

Buffy regresa a la cripta, para encontrar a un triste Spike que creía que se había ido con el soldadito. Ella no ha ido a reñirle por su negocio de demonios, o a echarle nada en cara. Tampoco a que la consuele en la cama, como un Spike sin el más mínimo amor propio le ofrece. Ha ido a romper su relación con él.

Nunca he tenido muy claro si Buffy lo hace por egoísmo, o de verdad por cariño a él o por ambas cosas. Sabe que Spike sigue siendo un monstruo, inmoral por definición aunque parezca tener algún tipo de conciencia. No sabe realmente distinguir el bien del mal, eso está claro. Pero Buffy nunca se propone ayudarlo, ni tampoco los demás que le rodean. Sea como sea, creyendo que su relación con Spike es una de las cosas malas que le pesan en el alma, y a la vez torturándose porque cree utilizarlo sin amarlo, Buffy decide poner fin a la relación. le susurra un lo siento, William que lo deja si habla. Y se marcha.
Impresionante la expresión desolada de Spike y sus ojos brillantes de lágrimas. Tristísima la escena final, con Spike  en la cripta destrozada y Buffy saliendo a la luz del día, ya donde él no puede seguirla.





Comentario
 
por Ehiztari

Había visto este episodio como hace unos diez días, pero el ataque de vagancia supina que he sufrido, me había impedido hacer el comentario correspondiente. Como casi lo tenía olvidado, he vuelto a verlo… y ¡es increíble! Pensaba que me aburriría y por el contrario me ha gustado mucho más y he visto matices que antes se me habían escapado.

Todos sabemos que la sexta es el descenso a los infiernos de Buffy y éste capítulo es el momento en que toca fondo (Bueno, otro más, pero a partir de aquí la cazadora hace pie y se impulsa hacia arriba. Desgraciadamente, para eso tiene que dejar que se hunda como lastre a Spike). Para que tome la decisión de salir de su mundo alienante y destructivo, será decisiva la aparición de Riley Finn y señora. Toparse de cara con el triunfador y feliz soldadito hace que Buffy se replantee, por contraste, su deprimente existencia. Todo el capítulo va por ahí, insistiendo una y otra vez en esa contraposición del sano chico de Iowa con una promesa de familia y una heroica misión en la vida y la joven provinciana, subempleada y dependiente del sexo sucio en que se ha convertido Buffy.

¡Pero qué listos son los creadores de BTVS! A Maquiavelo citaba el estúpido niñato superior de Buffy en el Palacio de las Hamburguesas y maquiavélica (e inteligentísima y muy humana) me parece la intención de este capítulo. Porque… vamos a ver, que levante la mano quien no odie en este capítulo a Riley.  ¿Hay alguien que no quiera asesinar a su perfecta esposa? Todos de acuerdo en identificarnos con la perdedora Buffy, ¿verdad? Y, bueno, esto ya es que hasta me da vergüenza preguntarlo: el mayor perdedor de todos, el “malo” del episodio, Spike, ¿alguien se resistiría a consolarlo? ¿No se gana todo nuestro cariño y nos conmueve y estamos dispuestos a perdonárselo todo y deseando que sea un poquito feliz?  Traficar con huevos de demonio que pueden ser armas letales contra los humanos, bah, ¿qué es eso? Una tontería frente a lo mal que lo pasa el pobre.

Pues eso. Que de nuevo la serie da una vuelta de campana y nos pone a contemplar la existencia desde el lado opuesto al comúnmente admitido: el lado de los fracasados, los no-demasiado-buenos, los tristes y mediocres (aunque sean monstruos malvados y superheroínas). Nos identificamos con ellos, mientras los “buenos”, paradigma de lo más deseable en la existencia, nos repatean y nos dan ganas de vomitar.  Bien por BTVS.

Empieza la cosa ya desde el “previously” con ese vampiro que ¡se permite rechazar a la cazadora! Como si de una cita se tratara, el muy patán se disculpa y dice que “otra vez será”, y todo con la excusa de que ella huele mal. “Tú estás muerto. Tú hueles así” –le recuerda Buffy, pero nada. Después, mientras Dawn amablemente rehúsa también el enésimo paquete de comida rápida (esto yo lo veo más justificable) y se marcha al Bronze, Buffy recibe un nuevo rechazo: no es suficientemente buena para reanudar la universidad. Bien, tres bofetadas en una noche, y aún está por llegar el golpe más duro.

El golpe más duro se llama Riley Finn y ver cómo en el pasado elegiste el camino equivocado (o eso cree Buffy. Yo no). Riley resolutivo, madelman eficaz y seguro de sí mismo, imagen de una vida rehecha con meta directa en el triunfo (Al menos me alegro de que el tiempo le haya dejado una llamativa cicatriz cruzando su bonito rostro. ¡No podía salir del todo inmune!). Buffy lo deja todo, incluida su gorra con forma de vaca, para seguirle, pero el patetismo continúa. Una patética y deprimida Buffy alterna entre la vergüenza propia y la ilusión por poder quizás recuperar lo perdido y coquetea penosamente con su ex. (Buffy me da mucha pena, sobre todo, porque creo que yo sería igual de patética, pero vista desde fuera, hay que reconocer que es muy tonta: Tiene a Spike y su amor absoluto, suspirando por ella y mientras tanto, Riley, mucho más mediocre, va a dejarla colgada por segunda vez).
Siguiendo con el capítulo, Buffy se emboba con Riley y la absurda ilusión de que el tiempo pasado pueda volver… Y Riley se comporta como un capullo, no explicando cuanto antes que las cosas han cambiado. Este chico siempre tuvo un problema de comunicación. Hasta que, de la nada, aparece Samantha Finn. “¿Qué haces con mi marido?” Maravillosa Samantha Finn, guapa, atlética, simpática, con soluciones para todo, que lo mismo te arregla el problema de las fotos de una boda que desventra a un demonio. La mujer perfecta. Tan “comprensiva” con Willow, tan “maravillosa” con Buffy, tan estupenda esposa y perfecta oficial.
Odio a Samantha Finn. En realidad odio a la gente maravillosa. ¿Os lo he dicho ya? Un claro problema de “envidia cochina”, pero el hecho es que odio a ese tipo de personas, como ya comentamos en el capítulo aquel de la compañera de habitación de Buffy en la universidad.

Ayuda, tener al lado a alguien como Willow, capaz de saludar sonriente a los recién llegados y a continuación ir junto a Buffy para susurrarle: “Que sepas que estoy dispuesta a odiar a esa mujer de la manera que quieras”. ¡Eso es una amiga, sí señor! Hacía tiempo que Will no estaba tan bien. O como cuando el matrimonio Finn se marcha elevándose a los cielos cual seres angélicos. “what a bitch!”. Sí, señora. Willow for ever. A su lado Xander, recupera su papel de tontito, babeando por la perfecta pareja en la que cree ver el espejo de matrimonio perfecto donde mirarse, ayyyyy. Si es que este chico está muy tonto… En su descargo, hay que decir que si lo de preparar una boda es siempre lo más semejante a planear el Desembarco de Normandía, su caso, alternando demonios auténticos y monstruos familiares, tiene categoría de odisea. “Estoy empezando a pensar en bouquets de gardenias –confiesa –Gracias a que mis amigos varones no pueden oírme”.

Bueno, pues todo eso había en este capítulo. Todo eso y la escena más desgarradora, la de la ruptura de Buffy y Spike.

En realidad, como siempre, las escenas de Spike marcan otro nivel: el momento en que él la espera en el porche antes de entrar en casa y Buffy, que intenta decir que no, acaba yéndose con él a la zona más oscura del jardín. La escena en que Buffy, deprimida por la aparición del recién casado Riley, va en su busca y le pide, en una conversación tan necesitada que me recuerda a la de Johnny Guitar: “Dime que me amas. Dime que me deseas”. Sólo que la cara de Spike transmite que sus sentimientos tienen una profundidad y una verdad insondables. La escena en que Riley irrumpe en la cripta para encontrar a los amantes en la cama y descubrir a Buffy la verdadera identidad del Doctor. La escena inmediatamente posterior, en el subterráneo bajo la cripta, cuando Buffy indignada le dice que basta de juegos y Spike, con la voz temblando de dolor le rebate: “¿Juegos? Tú eres quien ha estado jugando conmigo”. Y por supuesto, la última escena. Una escena que se abre en el panorama desolador de la cripta destrozada cuando “aparece ella” y le dice que Riley se ha marchado y Spike cree que la situación vuelve a repetirse (“¿Y has venido a por un poco de consuelo frío?”) . Pero esta vez va en serio. En unas pocas frases, Buffy, con una claridad y una sencillez, que pocas veces se ven, lo destroza por completo: “Te quiero a ti. Te estoy utilizando. Y me está matando”

Y luego, dejando a Spike en la cripta, sale a la luz del sol.

1 763
2 595