6X18 Entropy









6X18 Entropy


Written By: Drew Z. Greenberg
Directed By: James A. Contner
Original on air UPN 30/04/2002



Resumen


El caos se apodera por completo de la vida de los protagonistas, Anya ha sido abandonada por Xander, Spike por Buffy. Al encontrar ésta una cámara de vigilancia del trío en su jardín, no se le ocurre otra cosa que creer las sospechas infundadas de Xander e ir a reprocharle a Spike que la espía. El pobre vampiro aguanta con toda la dignidad que puede el chaparrón inmerecido, y ver a Buffy tan distante y fría con él, pero cuando ella le suelta la frasecita de que tiene que seguir adelante, la echa de su cripta. ¡Bien!

Spike acude a la tienda de magia en busca de algún hechizo que mitigue su dolor. Junto a una botella de bourbon, Anya y él comienzan a hablar y a contarse sus penas y terminan intentando desahogarse o seguir adelante echando un polvo sobre la mesa. La escena de sexo entre ellos es presenciada por los scoobies a través de las conexiones con otra cámara espía de los tres imbéciles de la temporada,  y Xander despechado corre a matar a Spike. Buffy lo impide, y en ese momento  un Spike que no puede más, y que no le había dicho a Anya quien era la mujer que lo había abandonado, dice delante de todos que se acostaban.

Tara regresa a la casa Summers y le pide a Willow que si al menos podrían darse un beso. Para ellas al menos el caos del episodio ha desembocado en algo bueno.





Comentario
 
por Ehiztari

Bienvenidos al mundo de los imbéciles donde Xander Harris es rey. Lo anterior no es ningún insulto, sólo recojo sus declaraciones en un increíble y ya lejano momento de lucidez.

Como dice Spike, no se merece gastar saliva en él, pero es que cuanto más veo este capítulo menos puedo comprender hasta qué límites puede llegar la estupidez humana. Bueno, digamos que se trata de ficción. ¿Se trata de ficción? No lo sé. Es prácticamente imposible resultar más patético, injusto, torpe, ofensivo e diota en todos los matices de la amplia gama de la idiotez. El capítulo, por otra parte, es muy interesante y todos los personajes están francamente bien, desde Jonathan hasta Buffy, pasando por Hallfrek, Tara, Dawn, Willow y por supuesto los dos arrebatadores demonios, Anya y Spike. Pero ahí tenemos a Xander Harris, empeñado en demostrar cómo se puede dar una imagen cada vez más pobre a cada minuto de cada escena. Empieza bebiendo solo y a oscuras ¿de vuelta en el sótano de sus padres? ejerciendo el deporte de los perdedores, la autocompasión. Cuando se encuentra con que Anya ha tenido el coraje de olvidar su ofensa y buscar una conversación cara a cara, balbucea excusas y perpetra chistes de dudosa gracia, incapaz de la dignidad que demuestra su ex. ¡Incluso afirma que ha ensayado sus discursitos ante el espejo! Está claro que no lo suficiente. O será, como él dice, que las partes fundamentales no las tenía preparadas. Y todo para acabar confesando que sigue huyendo de la boda porque en realidad nunca ha estado seguro de ese amor que afirma sentir y en el que ya ni Anya ni nosotros podemos confiar. Más tarde, cuando vuelve a encontrarse con una enfadadísima -con razón- Anya, hace lo más inoportuno: intentar hablar con ella, cuando está claro que no hay nada que pueda decir para calmarla. Afortunadamente, tiene a Buffy al lado para poner un poco de cordura y detenerlo antes de una nueva exhibición de su “diplomacia masculina”.

Pero evidentemente cuando ya se cubre de gloria, es cuando hacha en ristre, acude a la Caja Mágica cual marido vengador de su honor ultrajado dispuesto a acabar con Spike. Ahí, arrogándose el derecho que no tiene a ser juez, parte y verdugo, cada frase suya podría inscribirse por méritos propios en alguna antología del dislate. Ni siquiera los celos y la ofuscación pueden justificar su prepotencia, su machismo trasnochado, su ira contra Anya (¿él!) ni su desprecio contra Spike. Xander vuelve a alcanzar lo más alto del podio en la competición que mantiene consigo mismo a lo largo de la serie, para poder presumir de canalladas, estupideces o debilidades. Lo más triste es que su patética actuación será el detonante de la tragedia en que se va a sumir el final de la temporada. Bueno, igual exagero y le cargo en exclusiva con una culpa que está algo más repartida en ese equilibrio muy inestable que se está configurando, pero… hay que reconocer que Xander se lleva una buena parte de la responsabilidad: él es quien ha abandonado a Anya y el dolor que le ha inflingido la impulsará a buscar venganza y, sobre todo, conseguirá que la vida de su ex ya no levante cabeza hasta el fin de la serie. Como en una alineación de fichas de dominó, el dolor de Anya y la furia de Xander, acrecentarán el sufrimiento y la humillación de Spike y serán un nuevo empujón para que el vampiro, perdidos todos los frenos, cometa en el próximo capítulo el crimen del que más se va a arrepentir. (Es cierto que él será el único culpable, pero yo creo que en otras circunstancias, menos desquiciado, jamás lo habría hecho. Puestos a echarle las culpas a Xander, es que hasta es el causante, con su patada al enanito del jardín, de descubrir la escena porno y echarlo todo a rodar)

Bueno, fin. Se acabó el tema Xander.

El resto del capítulo es muy apreciable, con una mínima trama “fantástica” (la manipulación del medallón que el Trío arrebata, de la forma más cutre, a unos vampiros), lo que permite que el episodio se centre en lo que a mí personalmente me interesa mucho más: los conflictos entre los personajes y el desarrollo del arco argumental. Y en este aspecto, es una sucesión de momentos memorables:

Me encanta la chispeante, dinámica e irónica escena en que Anya intenta convencer a las otras mujeres para que “deseen” daños a Xander. Escena muy bien montada además. La pobrecita demonio intenta liarlas, pero no hay manera de conseguir nada. Es que Anya nunca ha sido buena con las palabras y las relaciones sociales y es un mal momento para empezar a aprender. Afortunadamente Hallfrek le sugerirá que también los hombres pueden tener derecho a la venganza y en Spike tendrá una magnífica segunda oportunidad (Si no de vengarse, al menos de ser eficazmente consolada)

Tenemos también a Spike en las dos breves escenas con Buffy, antes de los títulos de crédito, cuando, fingiendo que tampoco tiene demasiado interés, le pregunta por qué no vuelven a acostarse juntos y tiene que oír la amarga respuesta de Buffy: “Porque no te amo”. Su cara cuando, ya a solas, musita “sí, claro” recoge toda su desolada tristeza. La otra escena vuelve a insistir sobre el mismo tema y acaba de forma muy similar, diciéndole Buffy que sabe que hay amor pero que sólo “en la parte de él” y que lo siente. Spike, herido por esa compasión, responde ordenándole que salga en otro alarde de autoridad, orgullo y dolor. (Y, por cierto, sabiendo la que se avecina, es cruelmente irónico que en este capítulo, cuando Buffy le dice que cree que la está espiando con cámaras ocultas “porque eres un tipo que miente, engaña y manipula”, él dice algo que hasta entonces era rigurosamente cierto: “Pero yo no te hago daño”).

Me gustan los del Trío, geniales en su cutrez y torpeza, simpáticos y hasta conmovedores. Y en este sentido, me gusta especialmente Jonathan, el más débil y en el fondo buena persona que siempre me ha conmovido y que ahora o se huele la traición o al menos el abandono del resto de su “familia”. Y Andrew está graciosísimo con la cara que pone cuando comprende “qué es lo que están haciendo” Spike y Anya al otro lado de las cámaras y babeando por lo guapo que es Spike, para añadir apresuradamente que “ella también es hermosa” (Este chico aparte de gay es virgen, ¿no? Tanta ingenuidad nunca se había visto en un malo. Qué mono).

Y, por supuesto, la escena y el capítulo entero se lo meriendan Anya y Spike que juntos son irresistibles. Los dos demonios abandonados por sus ciegos amantes, se hacen confidencias y se consuelan mutuamente junto a la buena compañía del mejor hechizo contra el sufrimiento, la botella de Jack Daniels. Están absolutamente deliciosos, adorables, llenos de sensibilidad, respeto, sinceridad, aprecio, empatía… mil lecciones que los humanos deberían aprender; Anya, dolida y frágil, sincerándose con Spike, alguien que puede comprender perfectamente sus dificultades para encajar en el mundo de los humanos. Y Spike… más maravilloso aún que de costumbre, compasivo, seductor, con esa cortesía innata o adquirida de su educación victoriana, demuestra que él sí que sabe tratar a una dama. Me encantan los muchos pequeños detalles de esa escena: Spike diciendo que valora la franqueza en una mujer (nos lo creemos, sobre todo, por el ejemplo que pone, Dru), cediéndole el último vaso de bourbon y apremiándole a que se lo tome antes de que caduque su caballerosidad, acariciándola, Anya admitiendo que no está acostumbrada a que la traten así, diciéndole con esa franqueza que la caracteriza, cuando ya Spike la ha colocado sobre la mesa, que si hacen el amor es sólo por el sexo. (Mmmmm, sí, pero… ¿no pensáis que habrían sido una pareja maravillosa? Cómo me hubiera gustado que la serie siguiera por ahí.) Y el final, con ese sabor de derrota que el revolcón no ha hecho sino acentuar, cuando los dos se visten en silencio, se esquivan la mirada, Spike se dirige a la puerta y antes de salir se vuelve para saludarla con una cortés, respetuosa y triste inclinación de cabeza. Todo un caballero. Y una mujer de cuerpo entero Anya que toma sus decisiones, pero que no puede ocultarse a sí misma la amargura de haberlo hecho por despecho.  Lástima que segundos después deban lidiar ambos con el cenutrio de Xander hecho un basilisco y más ciego aún que de costumbre.

Y finalmente, en este capítulo camino del desastre, en un contrapunto muy propio de las series de Whedon se va anudando la única trama feliz: el reencuentro de Willow y Tara que será el cierre del episodio. En contraste, con el oscuro desenlace de las historias de los demás personajes en el exterior de la Caja mágica, el final de capítulo lo pone la tierna escena de amor entre las dos chicas y su apasionado beso de reconciliación.

Ah, me gustaría saber cómo es el baile sexy que Spike promete enseñarle a Anya, aunque momentos antes negó tenerlo.

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