7X06 Him









7X06 Him


Written By: Drew Z. Greenberg
Directed By: Michael Gershman
Original on air 05/11/2002



Resumen


Un capítulo decididamente fuera de lugar en la séptima temporada. Un hechizo causado por una chaqueta de deporte hace que todas las mujeres se enamoren de un chaval del instituto, RJ, desde Dawn hasta Buffy pasando por Willow y Anya. Bastante penoso ver a Buffy ejerciendo de putilla barata a estas alturas, aunque en ciertos momentos es divertido ver cómo todas se ponen a realzar las más increíbles hazañas para demostrar al mocoso quién lo quiere más. A todo esto, el pobre ni se entera de qué va la cosa.

Xander y Spike (por suerte inmunes a los encantos mágicos del chico de instituto, parece que la cosa sólo afecta al doble cromosoma X) tienen que averiguar lo que ocurre, y deshacer el entuerto mientras intentan impedir que sus amigas hagan alguna barbaridad irreparable.

Lo mejor del capítulo, sin duda el inicio, ese momento entre Buffy y un Spike que se ve obligado a ocupar la casa de Xander.  Sobre todo ver cómo se lo come Buffy con los ojos.





Comentario

por Ehiztari

Estamos ante una pequeña gamberrada, a veces simpática, a veces fuera de tono, que rompe el magnifico inicio de esta séptima temporada. (La séptima empieza muy bien, pero luego…). No sé si hay mucho que comentar de este episodio, pero lo intentaremos.

Me gusta la mirada irónica y caricaturesca (¿exagerada?) sobre cómo reaccionamos las mujeres cuando las hormonas nos atacan en forma de chico guapo: esa mirada subjetiva, desde el punto de vista de Dawn, al guaperas (casi ni me acuerdo de su nombre, Ah, sí RJ) a cámara lenta, bebiendo agua, saludando virilmente a sus compañeros de equipo y alejándose majestuoso cual protagonista de anuncio de champú mientras la música de fondo subraya su prestancia. Esa pelea de hembras por su objeto de deseo que saca lo peor de cada casa: Dawn cual putita quinceañera que afila sus garras mientras se estrena en la seducción; Anya, sin escrúpulos (nunca los ha tenido en realidad); Willow dispuesta a olvidar el pequeño detalle de que es lesbiana, aunque se alegra mucho con la idea que le sugiere Anya de utilizar la magia para hacerle una operación gratuita de cambio de sexo a RJ, y Buffy quizás la más patética, con sus aires de hermana mayor displicente y sexualmente experimentada (¿Buffy? ¡Ja! Será gracias a Spike, porque si no…) tan segura de sí misma que parece aún más estúpida.

Pero especialmente me encantan las peleas de gatas entre Dawn y la novia del momento de RJ: por un lado, Dawn haciendo el ridículo más espantoso, intentando llamar la atención por cualquier medio (y, lo que es peor, consiguiéndolo), capaz de lo más bajo como atentar contra el rival  de RJ en el equipo y, conforme ve mejorar su posición, sintiéndose cada vez más audaz, flirteando, exhibiéndose en el Bronze,.. y, por el otro lado, las miradas de la otra chica que empiezan siendo de fastidio y displicencia y acaban siendo asesinas. Para acabar arañándose y tirándose del pelo en la mejor tradición barriobajera.

Y frente a las chicas, “él”. El chico más rubito, guapo de catálogo, y anodino. Pura cáscara sin nada en el interior. Perfecto para el tema del episodio. Cuanto más insulso, más pone de relieve que son sólo los efectos del hechizo los que actúan sobre las chicas. (Bien, esa es la lectura “mágica” de una serie de fantasía, pero a estas alturas ya sabemos todos que BTVS es casi siempre una metáfora. ¿La lectura real? Obvia, ¿no?). Y me gusta especialmente que se subviertan los papeles y sean ellas las que tomen la iniciativa y luchen a brazo partido, con todas las peores artes, para llevarse al yogurín de turno, pero en definitiva, que hombres y mujeres podemos ser igual de primarios -o descerebrados- y que la belleza objeto se lleva mucho en ambos sexos.

La moraleja, también irónica y pelín amarga, está en la visión del hermano mayor de RJ, futuro de lo que le espera a él en cuanto sea su turno de dejar la chaqueta de capitán y con ella, el espejismo de la belleza y la juventud: un tipo fondón que trabaja en una pizzería y sobrevive frente al televisor cual Homer Simpson, más bien obtuso y que vive del recuerdo de su efímero pasado de chico popular del instituto y déspota de los pringadillos como Xander. (Mmmm... Ahora que lo pienso, ¿una versión masculina de lo que era Cordelia? Definitivamente no, porque la Reina Cordy, era una arpía muy inteligente).

Al final es ya la gran desbarrada, con la fragmentación de la pantalla en cuatro ventanas donde cada una de las mujeres juega sus bazas: la cazadora, dispuesta a hacer honor a su nombre y “asesinar” a Wood (La verdad, no es tan mala idea como parece. Unos capítulos después lamentaremos que no lo haya hecho); Anya, pragmática y amante del dinero, es la única que consigue su objetivo: atracar un banco; Willow, sin empacho en recurrir de nuevo a la magia por una causa "realmente motivadora"; y Dawn, adolescente acomplejada dispuesta a suicidarse en las vías del tren.  El desenlace, resuelto como si fuera una sucesión de escenas de cine cómico mudo con Anya enfundada en negro cual Catwoman y Buffy y Spike persiguiéndose a ver quién quita a quién el bazooka tras los cristales de la habitación en que Wood escribe parsimonioso, me parece ya excesiva astracanada, pero bueno, es la tónica general del episodio.

Frente a esa deriva a la caricatura, el principio, sin embargo, retoma el arco argumental con dos apuntes “funcionales” pero importantes: Spike se va a vivir con Xander (Pocas veces dos compañeros de piso están tan decididos a llevarse fatal) y Anya, después de ser salvada por Buffy del vengativo D´Hoffryn, “accede a ofrecer su ayuda a los scoobies” otra vez.

Y también es el capítulo en que Spike se dedica a poner cara a la pared todas las figuritas de “ángel” que encuentra en casa del hermano de RJ, jejeje.

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