7X07 Conversations with Dead People






7X07 Conversations with Dead People


Written By: Jane Espenson, Drew Goddard, Joss Whedon and Marti Noxon
Directed By: Nick Marck
"Blue" theme by Anglie Hart, written by Joss Whedon
Original on air UPN 12/11/2002



Resumen


El capítulo se inicia con la música hermosa y triste de Angie Hart cantando Moon, y vemos diferentes escenas de soledad y tristeza de Spike, Willow o Dawn. Y de Buffy patrullando por el cementerio.
En este episodio el Primero se meterá en la mente de los personajes, atormentándolos con visiones de sus seres más queridos : todos ellos hablarán con los muertos.  Dawn se encontrará luchando por ayudar a su madre muerta, presuntamente en peligro, Willow sufrirá la visita de Cassie, que habla en voz de Tara y le incita a que termine con todo matándose.

También en este episodio Jonathan y Andrew regresan a Sunnydale, con intención, por lo menos el primero, de ayudar en lo que pueda porque presiente también que se avecina algo grande. 
Excepto Buffy, que lucha y conversa con uno real, un vampiro antiguo compañero del instituto llamado Holden Webster al que ella ni siquiera recordaba. de antología toda la escena que comparte con él, y sobre todo las palabras sinceras que le dice, desde confesar como se siente siendo la cazadora hasta reconocer que con el último chico que salió se comportó como un monstruo.

En el triste y demoledor final del capítulo, mientras vuelve a sonar de nuevo la música tan triste, Andrew asesina al pobre Jonathan tirándolo sobre el sello de la boca del infierno, y Holden Webster le dice a Buffy que a él lo ha convertido, hace unas noches, Spike. Lo vemos también a él, mordiendo y asesinando ala chica a la que acaba de conocer y acompañar a casa.





Comentario

por Ehiztari

Me parece que, sin duda, estamos ante otro de esos capítulos “grandes” de Buffy, los que marcan nivel, elevan la serie muy por encima de lo esperado en un entretenimiento adolescente sin trascendencia y, de paso, marcan época, abren nuevos caminos y dejan al personal con la boca abierta. Un poco abierta al menos. 

Es un capítulo que rezuma calidad, inteligencia, saber hacer, profesionalidad, ingenio,... Me encanta cómo se entrelazan los numerosos hilos que tejen el tapiz de este episodio. Me encanta además, la profundidad que alcanzan algunos de ellos, como la introspección psicológica a que es sometida Buffy a partir de una situación básicamente absurda, como es la de ser psicoanalizada por un vampiro inteligente y un tanto guasón. Me encanta la eficacia con que se resuelve la parte de género de terror (Dawn). Me encanta cómo se dosifican y se desarrollan las distintas tramas para dejar el final en un apasionante interrogante abierto hacia el futuro. Me encantan los aspectos tan diversos que entremezcla (terror, romanticismo, intriga, diálogos chispeantes, tiernos, silencio,...) Y, sin olvidar el buen hacer de cuantos en él trabajaron, básicamente creo que tan brillante resultado se debe a un guión magnífico, que me parece recordar que se ganó un Emmy o algo. (¿El guión o todo el capítulo? En cualquier caso, iba siendo hora un poco de reconocimiento para una de las series más innovadoras de la historia de la televisión)

Decía que las numerosas subtramas que conforman el episodio son muy distintas, pero quizás por eso ofrecen diversos motivos para apreciar cada una de ellas.

Mi preferida es sin duda la de Holden. Me encanta ese vampiro al más puro “estilo Spike desalmado”: irónico, perspicaz, cortés, engreído... y tan simpático. Creo que es la primera vez que Buffy manifiesta claramente su pesar por tener que acabar con uno de los de su especie (excepción hecha de Angel, claro). Y la verdad es que los espectadores también lo lamentamos. Después de Cassie, es el otro personaje secundario de la temporada que nos deja con ganas de haber disfrutado más de su presencia. (Dato anecdótico: el actor que lo interpreta fue también llamado  por Whedon para otro pequeño papel en Firefly). Pero sobre todo a Holden le debemos agradecer que consiga por primera y única vez que Buffy diga en voz alta lo que en ninguna otra ocasión hemos escuchado de sus labios: que se comportó como un monstruo con Spike, que él la amaba, que ella lo utilizó porque se sentía al margen de todos, pero que llegó a sentir la necesidad de él...) Todo muy importante, aunque se entremezcle con bromas y recuerdos de los viejos tiempos (Es famoso el que comenten que Scott, el guaperas que, para variar, plantó a Buffy ¿en la segunda o tercera? temporada, afirmaba que ella era gay, pero que después resultó serlo él. Como seguramente sabéis es un guiño a la serie en que trabajaba el actor en aquel momento y en la que hacía un papel de homosexual). Mi preferido, de todas formas, es un gag visual: Buffy sobre una tumba a modo de diván y Holden escuchándola al lado, como en cualquier consulta del psicoanalista.

La trama más terrorífica y probablemente la “mejor contada en imágenes” es la de Dawn. Da miedo de verdad. Reconozco que yo soy muy impresionable con estas cosas, pero... jo. Atemoriza mucho ¿no? Atemoriza un montón la oscuridad, la sangre, los cacharros eléctricos funcionando a todo volumen, el bichejo asqueroso, los golpes (“Once for yes; twice for no”. ¡Vaya valor que le echa Dawn! Yo habría salido corriendo hasta llegar a otro estado”)... Ufff.

La más tierna es la parte dedicada a Willow. Su larga conversación con Cassie es un prodigio de interpretación y delicadeza por parte de las dos actrices y muy especialmente por Allyson Hannigan. Junto con la escena del hospital con Xander, lo considero uno de las dos únicos momentos en toda la temporada que nuestra Will brilla y vuelve por sus fueros. El resto, estará missing. El intento de manipulación de Willow es una muestra de la maldad del nuevo Big Bad. El Primero empieza a destruir “desde el interior” y por primera vez ataca a alguien “cuerdo” y del círculo íntimo de Buffy. Teniendo en cuenta que su primera víctima ha sido Spike empezamos a comprender cómo se justifica el leit motiv de la temporada: From beneath you, it devours. "Te destruye desde el interior". Por eso, las presas preferidas del Mal Primero son quienes guardan en su interior desequilibrios, remordimientos por el pasado, fragilidad en definitiva. Spike, Willow. Lógico.

La trama más graciosa (tragicómica, en realidad) es la Jonathan y Andrew. Todo un descubrimiento verlos regresar cariacontecidos, temblorosos y dispuestos a redimirse apoyando a la cazadora (eso cree Jonathan) al lugar de su derrota. Los dos frikis vuelven a dar un recital de frikidad. Son tan patéticos que se hacen querer. Yo tengo una especial debilidad por Jonathan y su final me parece de lo más triste. Añadimos otra víctima bajo el influjo maligno del Primero: Andrew. De nuevo otro que tiene muchas cosas que lamentar en su pasado y que no puede alardear precisamente de una firmeza de carácter como para oponerse a la fuerza que juguetea con su mente. Y otro triste detalle: me parece cruelmente irónico que Andrew, el asesino, acabe disfrutando del último sueño de Jonathan: ser acogido por Buffy en su casa.

Lo más impresionante en su desnudez narrativa, sin ni siquiera una palabra, es la historia de Spike. Es la más breve, la que ocupa menos minutos y la que parece casi mera ilustración sin relación con lo demás. Sin embargo su importancia se demuestra porque es Spike quien abre y cierra el capítulo. Y el cierre es impresionante. No deja lugar a dudas. Transformado en vampiro, Spike vuelve a matar. Qué forma de encogérseme el corazón cuando lo vi por primera vez.

Es decir, tras un episodio lleno de acción y maestría enlazando tan diversas historias, de nuevo tenemos otro de esos finales sin piedad especialidad de la factoría Whedon, capaces de dejar anonadado al espectador más aguerrido: Andrew mata a Jonathan, Spike mata a la chica del bar, Buffy mata a Holden no sin que antes éste le revele que su Sire fue Spike... Las espadas en alto, las preguntas sin resolver acumulándose, el desasosiego atenazándonos con esos amenazantes vaticinios de cuya verdad ni siquiera estamos seguros (que Willow puede volverse contra sus amigos; que Buffy traicionará a Dawn, que Spike es un asesino...). Si el episodio ha sido una inmersión en profundas y oscuras aguas (los sentimientos de Buffy, el terror que acosa a Dawn, el sentido de culpa de Willow), de ahí al final, tras superar su prueba, los personajes han rescatado un atisbo de conocimiento para enfrentarse al futuro, pero esa verdad que les ha sido concedida no es nada tranquilizadora. Al contrario, los sume en una nueva y angustiosa incertidumbre.

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