7X13 The Killer in Me



7X13 The Killer in Me


Written By: Drew Z. Greenburg

Directed By: David Solomon

Original on air UPN 04/02/2003




Resumen

por demonio


El chip de Spike  se está degradando, produciéndole fortísimos dolores y también hemorragias. Buffy intentará en este capítulo ayudarle contactando con la Iniciativa, y entra con Spike en las antiguas instalaciones subterráneas en busca de la manera de salvar a su novio. O sea a Spike, no creo que a estas alturas nadie haya dejado de darse cuenta de que es su novio o lo que sea. Es conmovedor ver cómo la Cazadora cuida de él e intenta ayudarle, y absolutamente despreciable ver a los demás pasando completamente de si los dolores lo tumban en el suelo.

Willow también tiene problemas, mientras se besa con la repelente marimacho Kennedy se transforma físicamente en Warren, el hombre que mató en la sexta temporada. No se explica esto muy bien, pero el caso es que cada vez va siendo más Warren y menos Willow. Parece luego que la causante es una vengativa Amy que demuestra en este episodio que estaba mejor de rata. Con ayuda de Kennedy Willow recupera su aspecto y personalidad normal, y terminan besándose de nuevo, esta vez sin consecuencia negativas.

En la iniciativa clausurada, en unas escenas rodadas con luz de linterna, Buffy lucha con un demonio que ha sobrevivido alimentándose de los cuerpos y cuando de repente todo se ilumina, se encuentra con soldados: Riley Finn ha escuchado su llamada, y a Buffy se le ofrece la posibilidad de salvar a Spike. Pueden arreglarle el chip, o bien retirárselo.


Comentario

por Ehiztari


Este capítulo mezcla dos líneas argumentales básicas: la de Willow, la principal y que da título al episodio, y la del chip de Spike, quizás más importante para el desarrollo global de la temporada (y de la serie incluso) pero que por su escasa acción no daba para un capítulo entero. Además, tenemos la mínima intriga de si Giles está vivo o muerto y si es o no el Primero, un motivo que aglutina al resto de secundarios (Dawn, Xander, Andrew, Anya) y que acaba convertido en poco más que un chiste. Pero un chiste genial sin duda, que culmina en una de mis escenas favoritas, de las de recordar de toda la serie, cuando los cuatro preocupados amigos se lanzan sobre Giles y empiezan a palparlo emocionados: “¡Lo toco, lo toco!” y Giles, más británico que nunca, pregunta si se puede saber por qué todos le están sobando “incluso gente con la que no tenemos tanta familiaridad”, dicho esto con mirada asesina hacia Andrew. Todo ello para rematar con esa deducción que es un monumento a la ilogicidad: “O sea que ¿creéis que soy malo porque me llevo a un grupo de chicas al desierto y no las toco?”

En las dos líneas argumentales (Willow y Spike) este capítulo tiene ideas muy interesantes, pero, desde mi humilde punto de vista, a veces mal resueltas. Por ejemplo, me parece muy rica la idea de que Willow se sienta culpable y “asesina” cuando el beso de Kennedy la hace olvidar por un momento a Tara. Una idea llena de dramatismo y poesía, pero que se difumina al optar por mantener el misterio de qué es lo que realmente le ocurre a la pelirroja para transformarse en Warren. Se difumina y se hace confusa al mezclarlo además con una maldición de Amy (¿No nos habíamos librado ya de ella?) De esta forma todo se mezcla: la magia de Willow, la venganza de Amy, el sentido de culpabilidad por Tara, el renacer al amor con Kennedy... Quizás aumente el suspense al no saber el espectador qué es lo que realmente pasa pero, desde mi punto de vista, lo que se consigue es dificultar la comprensión de una historia que podía ser transparente y atractiva: Siempre BTVS ha hablado en metáforas y siempre ha ofrecido una segunda lectura mucho más rica y humana que la lectura obvia, fantástica, de aventuras de magia y lucha contra monstruos.

Esta “primera lectura” de la trama Willow parece decirnos que Amy lanza un hechizo para vengarse de la superioridad de Willow que la hace transformarse en lo que más odia y teme: Warren, el asesino misógino al que, además, ella mató cediendo a su lado más oscuro. Bien, vale. Es una lectura “plana” y no está mal, pero, desde mi punto de vista, enmascara demasiado la “segunda lectura” que sólo aparece al final: Willow, que se ha prometido a sí misma conservar a Tara viva en su recuerdo, siente que la traiciona cuando se entrega al beso de Kennedy. Su mente la impulsa entonces a creerse ella misma no sólo la culpable del asesinato de Tara, sino a atacar también a Kennedy. Un conflicto, pues, psicológico, no mágico, aunque ambos encajen bien y sean compatibles. Se compaginan, pero me parece que el segundo, más interesante, se pierde demasiado al primar el suspense en el primero. Y, además, el desenlace solucionado con un nuevo beso de Kennedy, como si fuera un cuento de hadas donde un beso despierta a la princesa hechizada, rubrica el drama interno de Willow, capaz de nuevo de entregarse al amor, pero resulta precipitado, poco justificado y, desde el punto de vista de la trama fantástica, una solemne estupidez. En el lado positivo, esta vez me gusta cómo se ha plasmado la “conversión” de Willow en Warren presentando sucesivamente en las mismas escenas a Willow (que es como ella se percibe) con el aspecto externo que ven el resto de los personajes (Warren)

En cuanto a la trama del chip, es mucho más sencilla (el chip falla, Buffy y Spike buscan una solución y Riley, desde la distancia, se la ofrece) y, por tanto quizás más fácil. La principal pega que quizás se le puede poner es esa linealidad sin complicaciones, pero, como con Spike y Buffy lo que nos interesan son ellos y muy poco sus peleas con demonios o misterios que resolver... pues, por mí, perfecto. A pesar de todo, me resulta poco creíble que, de pronto, toda La Iniciativa, con su poderoso aparato se ponga a disposición de una mocosa como Buffy y todo, por la decisión personal de un oficial de escasa graduación como Riley, pero bueno... lo perdono. Acepto pulpo como animal de compañía, que todos a veces recurrimos a esas trampas. Lo importante es la elección que se le ofrece a Buffy, reparar el chip, es decir, mantener bajo control a un potencial asesino como Spike, o quitárselo, depositando en él su confianza y devolviéndole la libertad. Está claro cuál va a ser la decisión de ella (aunque no nos enteremos hasta el próximo capítulo), pero tomarla es un hecho trascendental e ineludible en el desarrollo de su historia porque cumple dos objetivos de gran calado: por una parte, devuelve el libre albedrío a Spike, algo imprescindible para su categoría de héroe, y, por otra, avanza, aún más, en la historia de amor de la pareja, asentándolo sobre las bases de una confianza absoluta. (Algo que, desde la fría razón, le reprochará Giles en el próximo capítulo y que nos llevará directos al conflicto de Mentiras)

Por otra parte, esta trama nos deja, como siempre que aparece Spike, esos momentos deliciosos de intimidad y compañerismo: suspirando por el cese del “constante golpeteo de piececitos” de las potenciales, bromeando sobre la perduración superior a la fecha de caducidad esperada que ambos tienen en común, y demostrando, como dirían Vicenivi, lo sexy que se puede ser hasta sangrando por la nariz. Y particularmente, me hace gracia cómo, en el suelo, enarca la ceja cuando el fornido soldado de La Iniciativa, repitiendo palabras literales de Riley, se refiere a él como “caraculo”. Me gusta esa reacción de Spike tan típica suya y me reconcilio con Riley, porque, a pesar de Samantha y de As you were, vuelvo a recordar que era un buen chico enamorado y celoso que, cuando nadie más lo tomaba en consideración, él siempre supo ver en Spike el rival que le quitaría el amor de Buffy.


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