7X17 Lies My Parents Told Me





7X17 Lies My Parents Told Me


Written By: David Fury & Drew Goddard

Directed By: David Fury

Original on air UPN 25/03/2002




Resumen

por demonio


Estupendo capítulo de Spike que merece la pena verse. De lo poco bueno de la séptima temporada.

Giles hace un conjuro a Spike para intentar liberarlo de la influencia del primero, eliminando el disparador que hace que ataque. Mientras Spike está bajo los efectos del conjuro, empezamos a asistir a escenas de de su pasado recién convertido en vampiro. Lo vemos llegar a su casa con drusilla, después de ser convertido, y vemos cómo muerde a su madre con la intención de hacer que viva para siempre, y sobre todo de liberarla de la enfermedad que la consume, casi seguro tuberculosis. La canción que dispara la agresividad de Spike y permite al Primero controlarlo es la que su madre le cantaba en el pasado.

El hechizo de la piedra procariota no parece funcionar más que para remover más los recuerdos de Spike, y Giles prefiere dejarlo encadenado en el sótano, pero Buffy lo suelta y se lo lleva. Giles y Wood quedan hablando y al final se confabulan para matar a Spike con la excusa de que es peligroso, o incontrolable.

Spike acude al garaje de Robin Wood es de suponer que para estar vigilado mientras no está Buffy. El director le ha preparado una cobarde encerrona y tras activarlo poniéndole la música que lo enloquece, pelea con él intentando matarlo. Mientras pelean seguimos viendo lo que pasa por la mente de Spike, escenas de su pasado: su madre, una vez convertida en vampiro, le dijo cosas espantosas y terminó por intentar abusar sexualmente de él y Spike terminó clavándole una estaca. Un rozo del bastón con el que ella le golpea en su rabia. 
Spike gana la pelea, y está a punto de morder al idiota de Wood, pero no lo hace. Lo deja vivir por respeto a que mató a su madre. En una pelea limpia, de vampiro a cazadora, no como lo que él ha hecho.

Entretanto hemos visto cómo Giles compinchado con Wood entretenía a Buffy lejos de Spike para dar al otro oportunidad de matarlo traidoramente. Cuando Buffy se da cuenta de todo esto, sale corriendo en busca de Spike.

Al final del capítulo, en una escena sobrecogedora, Buffy le cierra la puerta de su cuarto  en la cara a Giles diciéndole que ya no tiene nada mas que enseñarle. Es el fin de la relación más duradera de la serie, la de Giles y Buffy.


Comentario

por Ehiztari


Un gran capítulo, uno de los tres o cuatro grandes capítulos de la temporada, y -oh, sorpresa- otro capítulo de Spike. Muy bien escoltado por la confrontación entre Giles y Buffy, hay que decirlo.

Respecto a Spike, este episodio representa el último gran paso en su evolución, tras el cual ya sólo le quedará su redención mediante la inmolación salvadora en el desenlace. Antes de ello, en Mentiras, Spike descubre aspectos trascendentales que hasta ahora no se había atrevido a encarar. Forzado a hacerlo, la cancioncilla-detonador suscita en su interior la fiera que intenta mantener encadenada (la cobarde excusa que Wood provoca para justificar el asesinato), pero enfrentado a la catarsis, Spike saldrá renovado y triunfante. Recordará el terrible pasado que intenta ocultar a todos, pero acabará descubriendo también otras verdades más consoladoras: descubre que su madre le amaba, comprende que él también actuó por amor y alcanza el perdón de sí mismo y, asumiendo ese pasado, se inmuniza contra la eventual manipulación del Primero que tanto temía Giles. Es irónico que sea así, escapando de la trampa que le ha tendido el Vigilante, como se consigue el objetivo que éste pretendía entregándolo a Wood.

Además, comprendemos -quizás Spike también- que él nunca ha dejado de ser el “sentimental débil” que era William. A diferencia de su madre, el recién vampiro Spike actúa por amor filial, conserva su carácter y los lazos afectivos y familiares más allá de la muerte. Por eso, rechaza con horror el tabú del incesto, porque él sigue siendo William, el hijo, mientras su madre ha desaparecido ya destruida por el vampiro. En definitiva, como tantas veces hemos dicho, en Spike sigue habitando William, como un caso anómalo y excepcional entre los vampiros.

Frente a Spike, se sitúa Wood, más que con altura de antagonista, mero instrumento para la exaltación del héroe. Wood, además de vengativo, cobarde y traicionero, se muestra como poco inteligente y demasiado inseguro, siempre esclavo de lo que nunca ha asumido y que Spike acaba diciéndole a la cara: que para Nikki lo primero era la misión y eso estaba incluso por encima del amor a su hijo. En definitiva, Robin Wood no sólo busca vengarse del asesino de su madre, sino también sacarse la espina de saber que nunca fue lo suficientemente importante como para apartar a Nikki de su camino de cazadora. Es lo que Spike, lúcido como nunca, presenta ante sus narices después de vencerlo, diciéndole además, que a él sí, a él su madre lo amaba y que, “gracias” al tercer grado a que lo somete el Director, él sí ha acabado comprendiéndolo y reconciliándose con su pasado. Así pues, tras su prueba, Spike sale físicamente vencedor y moralmente reforzado: alcanza la paz consigo mismo, rehúsa matar a Wood cuando ya lo tiene a su merced, y, sobre todo, comprende el amor de su madre y la postura de Buffy.

“Lo primero es la misión”. Spike lo sabe. Y lo comprende y lo respeta. Entiende la soledad de la cazadora y por eso, será el único que permanezca junto a ella cuando, pronto, todos los demás le den la espalda. Spike es más sabio y más generoso. Igual que Buffy.

Este es un capítulo con dos planteamientos opuestos encarnados, en cada lado, por dos figuras: Giles frente a Buffy; Wood frente a Spike. Esta, con victoria por goleada para el vampiro, ya la hemos visto. Pasemos a la confrontación entre el vigilante y la cazadora.

La postura de Giles me parece bastante más aceptable que la de Robin Wood. Él actúa alegando el bien superior del grupo, para deshacerse de un peligro antes de que sea demasiado tarde, pero, además de aliarse con Wood, sabiendo que éste se mueve exclusivamente por motivos personales, Giles comete el gran error del buffyverso: anteponer la mente al corazón. Frente al pecado de Giles que argumenta su ataque a Spike como una decisión ineludible desde la lógica para deshacerse de un peligro, está el rechazo radical de Buffy. Giles utiliza la lógica y eso en el buffyverso no es suficiente. Hay que dar oportunidad también a la fe, a la redención y el amor. Es lo que Buffy descubría en la quinta temporada cuando se negó a entregar a Dawn e hizo el regalo de su propia vida. Ahora, además de ese amor fraternal a Buffy, se le entremezcla el amor de mujer por el hombre que quiere y en el que confía por encima de todo. La intuición nunca le ha fallado a Buffy.

Giles contra Buffy, mente contra corazón. La derrota de Giles es clara. A partir de este momento, Buffy se sabe superior y ya no necesita más lecciones del Vigilante. La figura paterna más respetada recibe de su niña el portazo en las narices, una reacción tan contundente como dolorosa. Paréntesis, de este gran capítulo -uno de los pocos realmente buenos de la séptima- me molesta su falta de continuidad. ¿Por qué se olvida después la acción de Giles y aparentemente todo vuelve a ser “normal”? No hay ni reconciliación ni cuentas pendientes (Igual que ocurre también con el nunca resuelto distanciamiento entre Dawn y Spike). Esto no pasaría en temporadas mejor desarrolladas de esta serie que se caracteriza precisamente por el rigor en el desarrollo de los arcos argumentales y en cómo todo deja huella. Además de torpe, es injusto con los personajes, porque les niega una segunda oportunidad. Giles se merecía poder reivindicar su valía demostrada durante tantos años. Igual que Dawn, a quien odiaremos ya para siempre por no haber sabido salvar su bonita relación con Spike)

Finalmente, el portazo a Giles pone de manifiesto algo más importante: el rechazo constante de las figuras paternas en este universo. Recordamos con horror al padre de Wesley, al autoritario padre de Liam, a Hank Summers, ausente e irresponsable, al patético e impresentable progenitor de Xander. La única excepción era Giles, pero a partir de ahora, con este hecho deleznable, pasa a engrosar el número de los adultos frente a los que se rebelan la generación joven. Frente a “los padres”, las madres que aparecen en el buffyverso son mucho más positivas. A la encantadora Joyce, añadimos ahora la dulce madre de William e incluso la propia Nikki, insobornable y valiente. No sé si esto es poder femenino, pero aquí puede incluso llegar a convencerme. Incluyamos en la lista a Buffy que, si no es madre, al menos defiende también el amor, la confianza, los derechos del corazón y así sí puedo entender que la serie enarbola como principios estos “valores femeninos”. ¿Eso es el cacareado “poder femenino”? Me temo que no. Entre otras cosas porque tales cualidades no son exclusivas de las mujeres (en el mismo capítulo, Spike está del mismo lado). Y sobre todo, porque me temo que Whedon y Cia preferían una cosa más druídica y matriarcal que me suena mucho más a invención folclórica para la galería. Yo prefiero una interpretación más humanista y menos fantástica, pero...

Me dejo muchas cosas en el tintero: por ejemplo, la desconfianza de papá Giles ante el amor que su niña siente por alguien que no tiene su confianza. O los magníficos flashbacks tanto de Nueva York como de Londres. O lo estupenda que está Drusilla en su brevísima intervención. Y no me resigno a citar cómo me crispa el departamento de peluquería y vestuario. Arrggghhhh. Podían haberlo hecho un poquito mejor, ¿no?


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