2X07 Lie To Me




2X07 Lie To Me


Written by: Joss Whedon

Directed by: Joss Whedon

Original on air WB 03/11/1997




Resumen

por demonio


Triste capítulo teñido de realismo en su faceta más cruel, que merece la pena verse.

Un ex compañero de Buffy llega a Sunnydale, se llama Billy Fordman (Ford) y es un chico bien parecido y agradable, del que Buffy estaba enamorada desde niña. AL inicio del capítulo Buffy ha visto una escena de aparente intimidad entre Angel y Drusilla, que él no le cuenta, y quizás a causa de los celos o la sospecha, parece decidida a salir con este viejo amigo. Ford  él le dice además  que sabe que Buffy  es la cazadora.

Angel desconfía a su vez de las intenciones del chico, pero aparentemente es también por celos. Por desgracia tendrá razón.  Ford hace un pacto con Spike (impresionante Spike en toda al escena) por el cual le entregará a Buffy a cambio de que lo convierta en vampiro. Con él esperan pasar a las filas de los no muertos una caterva de imbéciles adoradores de los vampiros, o más bien de los vampiros de Anne Rice mezclados con elfos etéreos de leyenda.

Spike llega a cumplir su palabra y los chicos quedan encerrados en un sótano con los vampiros de su banda, que van a comenzar la masacre. Pero Buffy está ahí pata impedirlo. Asistimos a la verdadera historia de Billy, enfermo de cáncer que sólo desea lo que desearía cualquier persona en su lugar: vivir. Buffy se enfrenta a este cruel dilema, termina atrapando a Drusilla y con ella de rehén, salvando a todo el mundo de Spike.

A todos, menos a Billy. Ha cumplido su parte aunque la cosa haya salido mal por la intervención de Buffy, y Spike cumple la suya. En el triste final del capítulo, Buffy lo espera al lado de la tumba, y lo mata en cuanto aparece. Luego le pide a Giles que le mienta, que le diga que todo es sencillo y todo es blanco, o negro



Comentario

por Ehiztari


Con guión y dirección de Joss Whedon in person, se nota la calidad. No sé si JW hace episodios magníficos o, más bien, si se reserva los mejores guiones e ideas para plasmarlos a su gusto, pero en Miénteme está la esencia del Whedonverso, esas cosas por las que, a mí al menos, me seduce esta serie: humor, inteligencia, aventuras... y de pronto todo se vuelve desasosegante como sólo la verdad puede serlo, maduro, cruel. Y, por si algo faltara, aderezado con otros toques maestros marca de la casa, como las alusiones al pasado que gravita sobre Angel y lo tortura y lo hace misterioso... y nos demuestra que hay mucho “universo” detrás, aunque de momento sólo conozcamos la punta del iceberg. O los personajes que aquí están casi todos: la cazadora, los scoobies y el Vigilante, el vampiro bueno y el vampiro malo, las víctimas (Dru, Ford) convertidas en verdugos y hasta los tipos más episódicos dibujados con un trazo firme que los humaniza, como esa pobre chica candidata a vampiro, engañada por el romanticismo de unos seres cuya verdadera naturaleza desconoce... O las dosis exactas de sorpresa y suspense en el momento justo para mantener la trama siempre in crescendo, desvelando poco a poco que, como dice Buffy “¿quién es hoy lo que aparenta?”, siempre in crescendo para llegar a un final sin compasión, hermoso y terrible.

El episodio empieza de forma magistral con esa escena entre Angel y Drusilla en el cementerio, a oscuras, sin música de fondo, con muy primeros planos de ambos, donde si parece que Angel detiene a Dru, en realidad, es Dru y el pasado que representa, la que le pone contra las cuerdas a él. Le seduce, le perturba. Ante Drusilla, Angel sabe que no está seguro. Angelus acecha ya, en esta escena que nos deja entrever muchas cosas de la íntima relación entre Angel y Drusilla. (Entiéndase íntima en todos sus sentidos posibles). Y de rebote, Spike también se verá después afectado. Todo está medido al milímetro: Angel perdona la vida a Drusilla, porque no puede hacer otra cosa; Buffy los ve y sus celos la inclinan hacia Ford; Ford juega su juego porque le va la vida en ello...

El principio del capítulo tiene escenas y detalles muy graciosos, como la desesperación de Xander al conocer al guapo amigo de Buffy: “¡Un viejo amigo! ¿Es que nunca puede conocer a chicos gordos?”, o el azoramiento de Willow escondiendo el sujetador cuando Angel entra en su dormitorio, o las estupideces de Cordelia (“Nadie valoraba a Mª Antonieta. Ella se esforzaba mucho por su imagen, aunque pueblo estaba deprimido. Ah ¿que era “oprimido”? Bueno, qué más da, estaba de mal humor y quería hacer rodar cabezas”). O la divertida incomodidad de Giles en su cita con Jenny Calendar.

Pero luego, las cosas se complican, los personajes, todos ellos movidos por razones perfectamente justificadas, se ven abocados a decisiones drásticas y se suceden unas cuantas escenas intensas y profundas. Muy bien David Boreanaz en su escena con Buffy. En versión original impresiona y emociona su voz cuando le confiesa la perversidad a que sometió a Dru hasta convertirla en la loca depravada que es ahora. Impresionante el enfrentamiento entre Buffy y Ford, mientras esperan a los vampiros dentro del búnker. “Te he echado de menos, Summers”- acaba diciendo él, y sabemos que, quien ha planeado la muerte de su amiga de la infancia, sin embargo es sincero en esas palabras que son casi una declaración de amor. O, al menos, de respeto y admiración. Y para acabar, la escena final que justifica el título y el sentido del capítulo. Buffy lleva un ramo de flores a la tumba de Ford. Pensamos que Spike, enfadado con la huida de la cazadora, no ha cumplido su palabra y ha matado al chico. Error. La realidad siempre es más cruel. Spike seguramente pensó que el castigo más refinado para Ford era cumplir su deseo. Y Buffy lo sabe. Además de para llevarle rosas, está ahí esperando para clavarle una estaca. Cuando cumple con esa triste obligación, se produce el diálogo con Giles. “Miénteme”- le pide y Giles lo hace. Es decir, en realidad, le ratifica que las mentiras no pueden edulcorar la vida.

En BTVS, como en la vida, los chicos buenos y los chicos malos se confunden muchas veces. Los chicos buenos no son siempre leales. A veces se salva al mundo, pero siempre hay que pagar un precio por ello, a veces muy alto. Las cosas no son fáciles y a aprenderlo se le llama madurar.



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