3X02 Dead Man's Party

3X02 Dead Man's Party



Written by: Marti Noxon

Directed by: James Whitmore, Jr.

Original on air WB 06/10/1998



Resumen


por demonio


Buffy ha regresado y un tanto dispersa todavía debe enfrentarse a las preguntas de sus amigos, así como a la vuelta a lo cotidiano. Incluido reencontrarse con su madre, que teme que vuelva a marcharse. Todos la tratan con excesiva cortesía, poniéndola más nerviosa. A excepción de Giles, que nos ofrece uno de los momentos de cariño más a flor de piel que tiene con su cazadora, ante la alegría de tenerla de nuevo en casa.
Entretanto, Joyce intenta que readmitan a Buffy en el instituto, siendo rechazada por el repelente director Snyder.

La madre de Buffy cuelga inocentemente una horrible máscara en la pared de su casa. Resulta ser la del dios zombi Ovu Mowani, que tiene el poder de resucitar a los muertos. Cuando los scoobies improvisan una espantosa fiesta llena de gene que no conoce a Buffy en la casa, el dios hace de las suyas y los zombis comienzan a llegar a la casa Summers desde toda Sunnydale.

Giles intenta avisarles y sale hacia la casa (por cierto puenteando el coche, algo que seguro aprendió en sus tiempos de Ripper)  y Buffy tiene que enfrentarse a los zombies, además de a los amargos reproches de Willow y de un Xander más impresentable aun que de costumbre.

Al finalizar el capítulo vemos que Giles soluciona de manera expedita el problema de la readmisión de Buffy sacando sus modales de destripador y asustando al director Snyder de forma harto eficiente.



Comentario

por Ehiztari

Este capítulo me parece más flojo que el anterior, a pesar de que seguimos en “la vuelta a la normalidad” de Buffy que está siendo bastante traumática.  

Igual que en el episodio anterior, lo que más me gusta es el principio, sobre todo esa escena entre madre e hija en que ambas se esfuerzan en ser “amables” y “naturales”, sobre todo Joyce, en una situación que evidentemente no lo es. Ojo, vampiros de Sunnydale, que igual ahora la cazadora viene a patrullar con su mamá. No. Buffy va sola, pero se encuentra al terrible “Halcón nocturno” (Xander) bien pertrechado de crucifijos y estacas inútiles y el resto de su patético equipo que según Willow están teniendo un buen nivel de éxitos: matan 9 de cada 10 vampiros. Oz, a quien parece que se le dan mejor las matemáticas, le rectifica: 6 de cada 10. El caso es que la banda de los scoobies, con sus tropezones, caídas y torpezas, casi consigue molestar a la cazadora lo suficiente para que el vampiro se le escape. No es así, pero la cara de los cuatro, caídos en el suelo, mirando a la cazadora es un poema que yo no sabría traducir: algo así como “¡vaya, ya llegó la profesional” o “parece mentira lo mal que lo podemos hacer”. A continuación, la acompañan a saludar a Giles en su casa y el reencuentro entre el Vigilante y la cazadora es lo más emotivo del episodio. Sin un abrazo, sin casi palabras, Giles consigue transmitir la alegría y el alivio inmenso por recuperar a su niña.

El resto del capítulo se centra en la fiesta que Joyce decide dar para celebrar el regreso de su hija. Una penosa equivocación, porque Joyce planea una cena con trajes elegantes y vajilla de fiesta y los scoobies piensan en lo estupendo que sería que actuaran los Dingoes, el grupo de Oz. O sea que la casa de las Summers es tomada por una horda de gentes tan diversas como la madurita amiga de Joyce del Club de lectura y los jovenzuelos del instituto que se apuntan a cualquier jarana. Como dice Buffy “se ha alegrado de mi vuelta hasta gente que no conozco”. Las cosas no son mejores entre los scoobies, distantes y poco comprensivos con Buffy, pero lo que acaba de empeorarlo ya todo es que Joyce ha decorado su casa con una máscara nigeriana que resucita muertos y todo un ejército de zombies se dirigen hacia la casa. El personaje del capítulo, sin duda, vuelve a ser… Giles. Tiene dos o tres intervenciones muy breves, pero está fantástico: su media sonrisa a solas cuando, tras el regreso de Buffy, va a la cocina con la excusa de preparar té; sus protestas entre dientes cuando, tras descubrir el secreto de la máscara, se dirige en su viejo tiburón a la casa de Buffy para avisar del peligro. Su habilidad haciendo el puente al coche cuando se queda sitiado por los zombies y con la llave de contacto sobre el asfalto (“Es como andar en bicicleta”. Claro, Destripador, quien tuvo, retuvo.) O su intervención final con el recalcitrante Snyder que le asegura de que no le va a convencer para readmitir a Buffy. Giles se le acerca, le coge del cuello y sin dejar de sonreír, pregunta: “¿Quiere que le convenza?”  Fantástico. Giles siempre esconde alguna sorpresa.

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