3X14 Bad girls










3X14 Bad girls


Written by: Doug Petrie
Directed by: Michael Lange
Original on air WB 09/02/1999



Resumen

    De manera totalmente incomprensible para mí, Buffy se deja influenciar por Faith y sus malas acciones hasta el punto de parecer un clon de la cazadora morena, saltándose clases y actuando como una gamberra sin talento. Hasta a Angel le da grima cuando se le sube encima en el Bronze en plan putilla juvenil. Es de suponer que Buffy desea la amistad de Faith, y se deja arrastrar por las malas costumbres, modos y actos delictivos de esta. La trama del capítulo versa sobre los Eliminati, un culto vampírico que adora al enorme demonio Baltazhaar, que andan buscando un amuleto que le dará mas poder.

    Entretanto ha llegado a Sunnydale el nuevo vigilante enviado por el Consejo par atender a Buffy y Faith: Wesley Whydam-Price. Un chico absolutamente novato, engolado y repipi al que desde luego Faith no le va a hacer ni el más mínimo caso.

    Las dos cazadoras pasan la noche cometiendo fechorías (llegan a robar a golpe de puño en una tienda de armas, atacar a dos policias y darse a la fuga). Posteriormente van en busca del demonio, y en la lucha con unos vampiros que las atacan, Faith clava la estaca a un hombre, el ayudante del alcalde. El joven muere allí mismo y es en ese momento cuando Buffy se da cuenta de lo asquerosamente mal que se están comportando.  Buffy y Angel luchan con el demonio Baltazhaar y sus seguidores, liberando a Giles y Wesley que tenían prisioneros, y el demonio les informa de que el Alcalde está preparando un ritual llamado la Ascensión.

    La brecha entre Buffy y Faith se agranda de manera irresoluble: A Faith no parece importarle lo mas mínimo haber matado a una persona, no así a Buffy que decide dejar de hacer el imbécil al fin.

 
Comentario

por Ehiztari
  
    - ¿New  watcher?
    - New  watcher.


    Primero la pregunta es de Buffy y la respuesta resignada de Giles. Después la escena se repite con Faith y son Giles y Buffy, sentados uno junto a otro sobre la mesa, los que con cara aburrida confirman las malas perspectivas de la morena. Ante el evidente ninguneo, el “nuevo vigilante”, envarado pero autosuficiente,  mantiene el tipo y hace oídos sordos a los desprecios. 

    No puedo evitarlo: Me encanta Wesley Wyndam-Price. Cuanto más patoso, descolocado, engreído y cobarde, más enternecedor me parece. Y es tan guapo. Vuelvo a estar en desacuerdo con Buffy- una vez más- cuando Wes afirma “no me han dado este trabajo por mi cara bonita” y la cazadora murmura: “No lo pongo en duda”. 

       El duelo de vigilantes en este capítulo me resulta casi más interesante que el de las chicas malas. Giles está genial: desplazado, aburrido, dejándole su sitio al “nuevo” con una política de aparente no agresión, pero habiéndole declarado la guerra total desde el principio. Y con Buffy insobornablemente de su lado. Frente a ellos, Wes, eficacia, rigidez británica, convencimiento de ser el que más sabe del universo, confiadamente pertrechado en su condición de ser el más empollón de la clase, pero enternecedor en su ignorancia, tan absoluta que ni siquiera se da cuenta de lo desarmado que está para enfrentarse a la Boca del infierno y a unos supuestos aliados que le odian y le desprecian: su antecesor y sus dos cazadoras. Me encanta la escena en que Wes presume de que ahora la formación de Vigilante no es tan teórica y que él mismo se ha enfrentado a dos vampiros en situaciones controladas. Giles dice “Aquí no tenemos de eso.” “¿Vampiros?” –pregunta. “No. Situaciones controladas”. Y el sumum es ya cuando las dos cazadoras se han marchado y los Vigilantes quedan solos, aunque sin mirarse. En primer plano Wes; al fondo, Giles. Y en perfecta sincronía los dos sacan un pañuelo, se quitan las gafas y empiezan a limpiarlas simultáneamente. Hay que ver la cara de Giles cuando se da cuenta de que Wes tiene sus mismos gestos.

    Como la cara de Wes cuando se encuentra en el Bronze a sus dos chicas haciendo alarde de hormonas desatadas y al recriminar a Buffy por la poca seriedad en su ultrasecreta e importantísima misión, un desconocido (Angel) le pregunta dónde tiene el medallón. Como ya el secreto ha dejado de serlo, Wesley afirma que lo tiene a buen recaudo y Buffy, sin una palabra, se lo quita de encima para entregárselo a Angel. Al pobre y boquiabierto Wesley sólo le faltaba enterarse de que el receptor es un vampiro para que le diera el patatús. (Por cierto, interesante y graciosa la comunicación no verbal en esas escenas. Tras contemplar el bailecito de Buffy con Faith, Angel, que seguramente recuerda el que Buffy mantuvo con Xander en Buffy se vuelve mala, va a marcharse. Buffy le ve y se le sube encima. Se sientan juntos e inmediatamente Angel se separa para colocarse en el asiento de enfrente. Entonces llega Wes que se sienta junto a Buffy y ella al momento se aparta poniendo distancia entre ambos. Nada de esto se refleja en los diálogos, pero las posiciones de los personajes quedan muy claras: Buffy, excitada por Faith, quiere seducir a Angel, quien la esquiva. Wesley, que, como de costumbre, no se entera de nada, es instintivamente rechazado por la cazadora)

    En realidad éste me parece un capítulo de copias. Wes copia a Giles y Buffy quiere copiar a Faith, pero cada persona es única e inimitable. Es imposible aprender de los errores ajenos y en parte ahí está la grandeza del asunto. Por ejemplo, Wesley lee el diario del Vigilante y hace suyos los comentarios iniciales de Giles sobre Buffy: “es indisciplinada y obcecada, su forma de hablar es ininteligible...” y entonces vemos cuánto ha cambiado Giles desde su llegado a Sunnydale, cómo se ha humanizado y se ha hecho “esclavo de su emoción”, como le recrimina Wesley, pero también al propio Wesley, aunque él no lo sepa y aunque ahora parezca imposible, le queda un largo camino que recorrer y caerá en “defectos” semejantes a los de su antecesor, aunque a él le parezcan ahora tan inconcebibles.

    Por otro lado (el principal en el capítulo como indica el título) están Buffy y Faith. Faith siempre ha sido vital y desinhibida y su arrolladora personalidad está deslumbrando a Buffy. Y eso no es bueno. Al menos no es bueno en el Whedonverso donde rige una estricta ley de frustración universal. Buffy, la alumna ejemplar, intenta sin entusiasmo y sin ningún éxito, según la petición de Giles convencer a Faith para que vuelva al sumiso redil regentado por Wesley. Después prescindirá de Willow para ir a cazar con Faith, dejará el examen de Química, ante el escándalo de sus amigos, saliendo por la ventana para seguir dócilmente a Faith. Buffy arrincona su cautela para “divertirse” sumergiéndose de cabeza en el riesgo a la manera de su compañera de caza, disfrutando del poder sin límites que parece acompañar a su destino de Elegidas y haciendo suyo su lema: “querer, coger, tener”  Pero todo privilegio tiene su precio, todo poder su responsabilidad. Buffy lo entiende muy bien cuando accidentalmente Faith asesina a un humano. Faith seguramente también (esa forma casi compulsiva de lavar su ropa), pero no lo asume. La escena final entre las dos cazadoras es estremecedora en su simplicidad. “No lo entiendes- dice Buffy.- Has matado a un hombre”. “Eres tú quien no lo entiende- replica Faith.- No me importa”.

    Yo no me lo creo. No creo que a Faith no le importe. No quiere que le importe, lo que es diferente. Aún no está preparada para asumir la responsabilidad de sus actos. De momento, la cazadora morena ha sucumbido al Lado Oscuro y le costará mucho volver al lado de la luz. Ése será su largo camino hacia la redención (y lo recorrerá en gran parte gracias a Angel).

    Aún quedan más cosas en este capítulo, pero me voy a extender demasiado, así que sólo las apuntaré. Como por ejemplo, ese horrible malo, Baltazhaar, firme candidato al título de monstruo más repulsivo (y absurdo) de la temporada. O la estupenda irrupción de Angel en el antro de los demonios, que le valió una serie propia como héroe. Wesley, el Capitán Coraje le llama Giles, ha cantado a las primeras de cambio que el amuleto lo tiene un amigo de Buffy. “Quiero saber cómo se llama”- grita Baltazhaar. “Se llama Angel”- dice el vampiro mientras surge de la nada. O la carita de Willow cuando Buffy la deja para irse con Faith, después de que ella inocentemente le haya contado sus inocentes experimentos para perfumar las pócimas mágicas “Estúpida” se increpa hundida en la melancolía. O el Alcalde, tan simpático y dicharachero.
 
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